El surgimiento de nuevas terapias alternativas dedicadas a satisfacer las cada vez más exigentes necesidades estéticas y de salud para la piel de las personas ha sido un patrón en las últimas décadas. Sin embargo, hasta hace pocos años era inimaginable pensar en un tratamiento en el que la gente entregue sus pies a los peces para que ellos hagan su trabajo sobre la piel.
Hoy este tratamiento es una realidad; lleva el nombre de ictioterapia y tiene cada vez más adeptos.
Adeptos y detractores en torno a un tratamiento peculiar
¿QUE ES LA ICTIOTERAPIA?
La ictioterapia nació como un tratamiento destinado a tratar determinadas dolencias -por ejemplo, la psoriasis-, mediante la utilización de peces de origen oriental llamados Garra Rufa (también conocidos como pez doctor o pez Kangal). Y con el tiempo empezó a ser adoptado como una terapia de índole estética.
Los Garra Rufa, caracterizados por su aspecto anfibio, pertenecen a la familia de los Cyprinidae. Son de agua dulce y semicálidas -entre 30º C y 40º C- de las cuencas de algunos ríos de Eurasia, específicamente de países tales como Turquía, Siria, Irán e Irak.
"Su tamaño es pequeño -no superan los 10 cm.- y no poseen dientes", describió Néstor Hugo Ficosecco, vicepresidente de la Organización Argentina de Centros de Estética y Spa.
Toda sesión de ictioterapia se inicia con un lavado de pies, con el fin de eliminar cualquier resto de cremas o productos químicos que puedan dañar la salud de los peces. Una vez realizado este procedimiento, se sumergen en el agua para dejarlos al accionar de los Garra Rufa durante 20 o 30 minutos.
"Este tipo de peces liberan las escamas y capas superficiales de la piel de los seres humanos mediante succión, estimulando de esta manera la regeneración celular, la cicatrización, la circulación periférica y la reepitelización. A esto se suma el efecto directo de la hidroterapia; es decir, el tratamiento de ciertas dolencias de las personas a través del agua", explicó Ficosecco.
En algunos casos se incorpora al tratamiento de los Garra Rufa lo que se denomina hidroterapia dinámica, a través de chorros de agua.
Asimismo, habitualmente el tratamiento se realiza en los pies de los pacientes, siendo las manos la segunda alternativa. Sin embargo, la ictioterapia puede realizarse en otras zonas del cuerpo, siempre y cuando se tomen los recaudos necesarios.
UN POCO DE HISTORIA.
Si bien el descubrimiento de las propiedades del accionar de los peces Garra Rufa sobre la piel humana datan del siglo XIX, para establecer los comienzos de esta terapia hay que remontarse a 1963, año en el que en la ciudad de Kangal -en Sivás, Turquía- se abrieron al público algunos manantiales habitados por estos peces. Ése fue el primer lugar en donde se realizó ictioterapia.
Con el correr de los años, el tratamiento fue ganando adeptos y cada vez más gente se fue acercando al lugar.
Luego el tratamiento comenzó a ofrecerse en los otros países que contaban naturalmente con los Garra Rufa: Siria, Irán e Irak. Allí también el éxito fue inmediato.
Durante las siguientes décadas se produjo la expansión de la ictioterapia en Asia. Países como China, Tailandia, Corea y Camboya la incluyeron en sus balnearios y termas, con un gran nivel de aceptación.
En 2007 llegó a Japón, Singapur y Croacia, donde el tratamiento no tardó en establecerse. El nivel de éxito que tuvo particularmente en Croacia dio lugar al surgimiento de los Doctor Fish Café en ese país, donde se puede disfrutar un trago como en cualquier otro bar mientras se recibe el tratamiento.
En 2010 la ictioterapia inició su escalada por Europa, llegando en primer lugar a España, Inglaterra, Francia y Rusia, para luego expandirse por casi todo el continente. Así, la expansión a otras partes del globo se precipitó, alcanzando cierto suceso en Estados Unidos y México.
CONTROVERSIA.
No todo es color de rosa para la ictioterapia: distintas voces han advertido sobre las posibles contraindicaciones que conlleva este tratamiento.
Un informe de la institución británica Centre for Environment, Fisheries & Aquaculture Science -especializada en estudios sobre medio ambiente, pesca y acuicultura- reveló datos de un estudio realizado sobre las bacterias que transportan los peces Garra Rufa. Según se dio a conocer en el informe, algunas de ellas pueden provocar infecciones tanto en seres humanos como en peces. "El resultado del estudio plantea preocupaciones sobre la medida en que estos peces, o su transporte por vía acuática, podrían albergar agentes patógenos de importancia clínica", se asevera en el informe. Más allá de eso, desde la institución no pretenden que se prohíba la ictioterapia, sino que se realice con "peces libres de enfermedades en instalaciones controladas".
Las advertencias han llevado a la prohibición total de la actividad en países como Canadá y en 18 estados de Estados Unidos. En otros países, como Alemania, si bien no se ha prohibido en forma total, se ha restringido para pacientes que sufren determinadas patologías.
Con el fin de asesorar a la población y buscar un punto de equilibrio entre las voces a favor y en contra de la ictioterapia, la Agencia de Protección de la Salud del Reino Unido lanzó un comunicado a través de su página web, en octubre del año pasado, en el que informa sobre las consideraciones a tener en cuenta antes de realizar este tipo de tratamientos. Entre ellas figura una serie de condiciones bajo las cuales aseguran que no se debe llevar a cabo la ictioterapia. Algunas de ellas son:
• Habiéndose depilado o afeitado las piernas hasta 24 horas antes del tratamiento.
• Con heridas abiertas en los pies o por debajo de las rodillas.
• Con infecciones en los pies.
• Con psoriasis o dermatitis que afecten los pies o cualquier parte del cuerpo por debajo de las rodillas.
• Con diabetes.
• Con cualquier inmunodeficiencia provocada por enfermedad o medicación.
EN BUENOS AIRES.
En concordancia con la expansión mundial del tratamiento iniciada en 2010, durante 2011 se empezó a brindar el servicio de ictioterapia en Buenos Aires. En julio se inauguró el primer centro dedicado exclusivamente a esa actividad de Buenos Aires. Se trata de Ey! Fish Spa, en Palermo. A su vez, otros centros de estética comenzaron a incorporar al tratamiento de los Garra Rufa a su oferta.
Sin embargo, el éxito no fue el esperado y algunos de los establecimientos que en un primer momento se sumaron a la tendencia, dejaron de hacerlo. Tal es el caso del centro de estética Templeé, en Callao 531, que lo retiró de su oferta hace pocos meses.
Entre las posibles causas de esta situación se encuentra el elevado costo de mantenimiento que conlleva la ictioterapia. "Con cada paciente se debe cambiar el agua y reponerse las condiciones de temperatura. Se debe contar con una buena cantidad de Garra Rufa, porque los mismos peces no pueden tratar a un paciente detrás del otro", argumentó Ficosecco, agregando que el "efecto exfoliante de la ictioterapia puede reemplazarse por otros métodos más prácticos, menos costosos y a los que estamos más acostumbrados en estas regiones del planeta".
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