El turismo de alta gama atraviesa una etapa de profunda transformación. Lo que hasta hace una década se asociaba al lujo clásico (marcas, tarifas elevadas y un público mayor) hoy responde a un viajero más joven, informado y exigente, que busca autenticidad, privacidad y servicio personalizado.
El viajero de alta gama chileno: experiencias personalizadas y un nuevo concepto de lujo
El viajero de alta gama ya no busca ostentación, sino exclusividad y coherencia. Según expertos del segmento, crece la demanda por productos personalizados, sostenibles y gestionados por agencias especializadas que garantizan atención de primer nivel.
Ladevi revela las preferencias de los viajes de lujo de los chilenos en el Manual Alta Gama 2025.
Tanto en cruceros como en circuitos terrestres, el concepto de lujo ha dejado de vincularse con la ostentación para concentrarse en la experiencia integral y la atención al detalle.
Así lo destacan dos referentes del segmento: María José Cañas, product manager de lujo en Tempo Reps, representante de navieras premium en Chile, e Iván Fica, socio director general de TravelHaus Chile-Perú, turoperador especializado en viajes a medida por Europa, África, Medio Oriente y Asia.
“El lujo hoy no está en el precio ni en las lámparas de lágrimas, sino en la calidad del servicio, en una gastronomía excepcional y en itinerarios distintos que te sorprenden”, afirmó María José Cañas.
Un público más joven y sofisticado
El perfil del viajero de alta gama chileno se ha rejuvenecido de forma notable. Si antes era un público mayor, hoy el rango etario comienza en los 40 años y se compone de profesionales con alto nivel educativo y gran conocimiento del mundo.
Son personas que ya han viajado mucho, que no se impresionan fácilmente y que esperan experiencias transformadoras, no sólo comodidad.
“Antes el pasajero de lujo mostraba su estatus con marcas; hoy el de alta gama disfruta de servicios cuidadosamente diseñados, de forma discreta y sofisticada”, indicó Iván Fica.
Ambos expertos en el segmento destacan que este cambio no es solo generacional, sino también cultural. Las nuevas generaciones de viajeros valoran la privacidad, la sustentabilidad y la coherencia entre el servicio y sus valores personales. Preguntan por la huella de carbono del hotel, el origen de los productos gastronómicos y las políticas ambientales del proveedor. “Existe un compromiso real con la sostenibilidad y con el respeto por los destinos”, subrayó Fica.
El turista de alta gama ha cambiado, según los expertos en el segmento.
Experiencias únicas y destinos menos masivos
En los cruceros de lujo y en los programas terrestres, la exclusividad ya no se mide en metros cuadrados, sino en singularidad. Las navieras y turoperadores apuntan a itinerarios poco explorados y vivencias inmersivas que conecten al pasajero con la cultura local.
María José Cañas menciona el auge de destinos como Islandia, la Antártica, los fiordos noruegos o los cruceros fluviales por Portugal, donde el valor radica en “ver un país desde otra perspectiva, con grupos reducidos y atención personalizada”.
En tierra, Fica observa un fenómeno similar: “El pasajero busca experiencias nuevas, desde un encuentro con un escritor en Madrid hasta una cata privada en un viñedo en Toscana. Todo comienza desde el minuto que llega al aeropuerto, donde ya hay alguien esperando para recibirlo”.
Sudáfrica, Marruecos, Dubái, Maldivas y Seychelles se mantienen entre los destinos exóticos preferidos, mientras que Argentina y Perú destacan como referentes regionales en servicios de alta gama. En el Caribe, las villas privadas y zonas adults only continúan captando al público chileno con alto poder adquisitivo.
Y Chile tampoco se queda atrás: Iván Fica sostiene que el país es un proveedor cada vez más competitivo para pasajeros internacionales de alto nivel, principalmente españoles, franceses, alemanes y australianos, atraídos por la naturaleza, la enogastronomía y la oferta hotelera boutique.
La infraestructura y el nivel de servicio alcanzado en destinos como Atacama, Patagonia y los valles vitivinícolas permiten al país insertarse en los circuitos de lujo sudamericanos, complementando la oferta argentina y peruana.
Planificación y relación de confianza: elementos claves
Una de las constantes del viajero de alta gama es su planificación anticipada. Estos pasajeros no compran online: buscan información, comparan y luego confían en su agente o asesor de viajes especializado, con quien construyen una relación a largo plazo.
“El pasajero de alta gama está netamente de la mano con su agente de viajes. No compra por internet, sino que trabaja con profesionales que diseñan su experiencia tailor-made”, explicó Fica.
Esta asesoría se extiende a todos los niveles: desde la selección del destino hasta la recomendación de eventos exclusivos (como la Fórmula 1 o torneos de golf) y la reserva de suites o locaciones con hospitalidad superior.
María José Cañas agrega que, incluso en los cruceros, los pasajeros planifican con más de un año de anticipación, reservando itinerarios futuros mientras aún están a bordo. Esa anticipación y fidelidad al canal profesional fortalecen la cadena B2B del turismo de lujo, donde el rol del agente y del turoperador
Ambos expertos coinciden en que pese a la incertidumbre política y económica de los últimos meses, el turismo de alta gama no se retrae, sino que ajusta sus rutas.
“En vez de ir a Medio Oriente, el pasajero cambia al Mediterráneo o a otro destino estable. No cancela, redirige”, señaló la product manager de Tempo Reps.
Desde TravelHaus refuerzan que el cliente de alta gama mantiene su frecuencia de dos viajes anuales (de entre 12 y 25 días) y valora la asesoría experta para evitar zonas de conflicto o saturación turística.
En ese contexto, el año 2026 se proyecta positivo: el viajero chileno de alta gama se ha multiplicado y diversificado, y ya no se limita a un nicho etario.
“El segmento se renovó; el lujo dejó de ser sinónimo de tercera edad. Hoy tenemos una nueva generación de clientes que buscan experiencias de alta gama con propósito”, concluyó María José Cañas.
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