Durante décadas, el gran objetivo del turismo de Latinoamerica fue atraer viajeros que cruzaran océanos. Hoy el negocio empieza a moverse en la dirección opuesta. Los viajes de media distancia y los mercados de proximidad se están consolidando como el segmento más dinámico de la industria turística global.
La batalla por el viajero de media distancia en Latinoamérica
Los viajes de media distancia ganan protagonismo en las estrategias comerciales y de productos. El desafío de la regionalización para Latinoamérica.
Semana Santa 2026: 98% de las reservas son para escapadas al extranjero, destacando destinos de Sudamérica.
Latam Airlines fue escogida como la aerolínea más sustentable de Latinoamérica.
Gran parte del marketing turístico latinoamericano sigue orientado al visitante europeo o norteamericano.
Mientras Europa y Asia construyen modelos cada vez más sofisticados para capturar al viajero regional, América Latina mantiene una dependencia estructural de mercados emisores de larga distancia.
Para Latinoamérica esta reconfiguración de los flujos turísticos representa, a la vez, una de sus mayores vulnerabilidades, así como su mayor oportunidad sin explotar. Referentes autorizados del sector ya lo señalan con claridad: la próxima gran batalla del turismo se ganará más cerca de casa.
El valor del viaje regional
El turismo global cerró 2025 con una cifra histórica: 1.520 millones de llegadas internacionales, un incremento del 4% sobre 2024, con ingresos por exportaciones turísticas estimados en US$ 2,2 billones, según el Barómetro Mundial de UN Tourism. Pero más allá del titular, lo que define el nuevo mapa de la demanda no es cuántos viajan, sino adónde eligen ir y por qué cada vez más se inclinan por destinos más cercanos.
Un informe de referencia del año pasado fue el de Boston Consulting Group (BCG), publicado en junio de 2025 bajo el título Desglosando la oportunidad de US$ 15 billones en los viajes de placer. Elaborado con encuestas a casi 5.000 viajeros en 11 países y análisis de patrones en 68 mercados, el documento es categórico: el motor del crecimiento del turismo de ocio hacia 2040 no será el largo radio, sino el turismo doméstico y el turismo regional de media distancia. BCG proyecta que el turismo doméstico de ocio generará casi US$ 12 billones para 2040, mientras que el viaje regional triplicará su valor hasta más de US$ 2 billones.
El viaje internacional de largo radio, en cambio, crecerá más rápido en términos relativos, pero mantendrá la porción más pequeña del mercado —apenas US$ 1,4 billones—. La lectura de negocio es directa: quien quiera crecer en la próxima década deberá diseñar su oferta pensando en el viajero regional, no únicamente en el turista europeo o norteamericano.
IATA: los cielos hablan
Los datos de IATA cierran el debate empírico sobre el estado del tráfico aéreo regional. En su informe de desempeño de pasajeros de enero de 2026, la asociación reportó que las aerolíneas latinoamericanas registraron en 2025 el mayor crecimiento de tráfico de todas las regiones: un 8,6% más que en 2024. La capacidad regional creció un 10,2%.
El cambio también empieza a reflejarse en las estrategias comerciales de las aerolíneas. En los últimos dos años, compañías como Latam, Avianca o Copa Airlines han reforzado su red intrarregional con nuevas rutas entre ciudades secundarias, un segmento históricamente subatendido en la región.
Sin embargo, esa expansión coexiste con una contradicción estructural de negocio. América Latina es la única región del mundo donde se espera que la rentabilidad de las aerolíneas disminuya respecto a 2024.
"Globalmente, en 2025 se espera que las aerolíneas hayan obtenido una ganancia de US$ 7,20 por pasajero. En América Latina y el Caribe, eso cae a US$ 3,40. Menos de la mitad. La verdad es que aún es muy difícil para las aerolíneas de la región ganar dinero", señaló Peter Cerdá, vicepresidente regional de IATA para las Américas.
El mensaje para los operadores del sector es de una claridad incómoda: la demanda existe, crece y llena aviones. Lo que falta son las condiciones de política pública, infraestructura y regulación para que esa demanda se convierta en negocio intrarregional sostenible.
El largo radio se encarece
En febrero pasado, Willie Walsh, director general de IATA, expuso en Singapur el diagnóstico más actualizado sobre el estado global del sector. Sus palabras ofrecen el marco de referencia para entender la reconfiguración de los flujos turísticos mundiales: “Asia-Pacifico liderará el crecimiento en 2026 y seguirá siendo el motor global”.
Walsh también fue explícito sobre el factor que más está encareciendo el largo radio en Europa y que, indirectamente, favorece la competitividad del viaje regional: los combustibles sostenibles de aviación (SAF).
A medida que los mandatos regulatorios europeos obligan a las aerolíneas a incorporar porcentajes crecientes de SAF, el costo del vuelo de largo radio aumenta en términos relativos frente al vuelo regional.
El mercado se bifurca y Oriente toma la delantera
Skift Research, en su Global Travel Outlook 2026, sintetizó la dinámica global en una frase: el paisaje turístico está cada vez más bifurcado. Las políticas de visados sin restricciones y la creciente capacidad aérea están acelerando el crecimiento en el Este, mientras Occidente navega en una incertidumbre política significativa. Esa bifurcación tiene consecuencias directas para la jerarquía competitiva de los destinos y para los modelos comerciales de operadores que orientan su negocio principalmente hacia mercados occidentales.
Phocuswright, en su informe Travel Forward: Data, Insights and Trends for 2026, estimó que Asia-Pacífico lideró en 2025 el crecimiento global con flujos récord.
La convergencia entre BCG, Skift y Phocuswright señala en la misma dirección: la era del crecimiento turístico impulsado principalmente por viajeros del bloque occidental está cediendo paso a un mapa más plural, donde los turistas de mercados emergentes y el viaje regional definen las mayores oportunidades de crecimiento.
Mientras tanto en Latinoamérica…
En mayo pasado, durante la reunión plenaria del Diálogo Empresarial de las Américas en Santo Domingo, el World Travel & Tourism Council (WTTC) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) lanzaron formalmente el Tourism Task Force para América Latina y el Caribe. Junto con ese anuncio, WTTC publicó proyecciones que definen el tamaño de la oportunidad: para 2035, el sector podría contribuir con US$ 944.800 millones a la economía regional y sostener más de 35,4 millones de empleos.
“El potencial de crecimiento para el turismo en América Latina es sustancial. Con las políticas correctas podría desbloquear US$ 260.000 millones adicionales en la próxima década. Pero la región necesita mejor infraestructura de transporte, procesos de visa simplificados, mejor protección de la biodiversidad y campañas de marketing efectivas", señaló Julia Simpson, presidenta y CEO de WTTC.
El dilema estratégico de la región está claro: el atractivo del producto existe y la demanda crece, pero la arquitectura comercial —conectividad, distribución, producto diseñado para el viajero regional— no está suficientemente desarrollada para capturar el valor que esa demanda genera.
Europa: ¿un modelo posible?
Europa no inventó el turismo de media distancia, pero lo perfeccionó hasta convertirlo en una ventaja competitiva estructural. En 2025, el continente recibió más de 780 millones de llegadas internacionales, con los flujos intrarregionales como columna vertebral del desempeño.
No es casual que el tráfico en los aeropuertos medianos y pequeños —los que conectan ciudades secundarias dentro del continente— haya crecido por encima de la media, impulsados por el tráfico turístico de media distancia. Para los operadores de destino, ese dato no es sólo estadístico: es la evidencia de que la integración regional genera negocio distribuido en todo el territorio, no solo en los grandes hubs.
¿Cómo llegó Europa a ese modelo? La respuesta involucra tres vectores que se reforzaron mutuamente durante décadas.
- Primero, la liberalización aérea: el surgimiento de aerolíneas de bajo costo como Ryanair, easyJet y Wizz Air democratizó el viaje intrarregional, creando una clase de viajero frecuente de media distancia que no existía antes.
- Segundo, la facilitación de visados: el espacio Schengen eliminó la fricción burocrática entre 29 países.
- Tercero, una estrategia coordinada de marketing y desarrollo de producto que posicionó cada destino para el viajero vecino, no solo para el turista lejano.
Asia-Pacífico: la apuesta regional
Si Europa es el modelo consolidado, Asia-Pacífico es el laboratorio más dinámico del mundo en integración turística regional. En 2025, la región recibió 144 millones de visitantes internacionales con un crecimiento del 13,4% interanual, y el turismo intrarregional generó más del 70% de los ingresos totales.
La arquitectura del modelo asiático descansa sobre tres pilares de negocio que los empresarios latinoamericanos podrían analizar en detalle.
- El primero es la superapp: plataformas como Trip.com funcionan como ecosistemas integrados donde el usuario resuelve vuelo, hotel, experiencias, transporte y pagos en una única interfaz.
- El segundo es la facilitación de visados: China extendió el acceso sin visa a ciudadanos de 55 países en 2024-2025 y los países del ASEAN avanzan hacia un marco de visado unificado.
- El tercero es la inversión coordinada: el Banco Asiático de Desarrollo comprometió más de US$ 4.000 millones en proyectos de turismo con un pipeline de US$ 3.000 millones adicionales hasta 2030.
La lección de negocio directamente aplicable: la integración regional no es solo una política pública, es una estrategia comercial. Cuando destinos y operadores se coordinan para capturar el viajero vecino, el ticket promedio sube, la estancia se alarga y el retorno se multiplica. Eso no requiere esperar acuerdos multilaterales —aunque los aceleran—; requiere que las empresas del sector decidan que el viajero regional es una prioridad estratégica y construyan su oferta en consecuencia.
La regulación climática que cambia la ecuación
Existe un vector de presión sobre el long haul que las consultoras especializadas monitorean con creciente atención: la regulación ambiental sobre la aviación está encareciendo sistemáticamente los vuelos de larga distancia en Europa, y ese encarecimiento no es coyuntural sino estructural.
El Sistema de Comercio de Emisiones de la UE (EU ETS) completó en 2026 su transición al régimen de plena subasta para las aerolíneas: ya no hay asignaciones gratuitas de derechos de emisión. Además, desde 2025, las aerolíneas en la UE deben incorporar al menos un 2% de SAF —cuyo precio más que duplica al del combustible convencional— con mandatos que escalan al 63% para 2050.
Cada vuelo que encarece el transatlántico hace más competitivo, en términos de precio final al viajero, el corredor de media distancia.
América Latina: la dependencia que frena el negocio
El diagnóstico es conocido, pero los datos más recientes lo hacen más urgente. América Latina continúa orientando su estrategia de captación turística hacia mercados emisores lejanos en un momento en que el mundo se está regionalizando. WTTC y Oxford Economics estiman que el turismo intrarregional representó apenas el 34% del mercado latinoamericano en 2025, frente a cifras superiores al 70% en Asia-Pacífico.
Esto significa que dos de cada tres viajes internacionales que realizan los latinoamericanos siguen teniendo como destino mercados fuera de la región, una proporción muy inferior a la observada en Europa o Asia.
La estructura del tráfico aéreo refleja esa dependencia con exactitud: el 40,2% de los vuelos internacionales de largo radio hacia América Latina y el Caribe proviene de Estados Unidos, con Canadá, España, Francia y Reino Unido completando los principales mercados emisores. Esa concentración tiene un problema de negocio muy concreto: genera volatilidad. Cuando el dólar se aprecia, la economía norteamericana desacelera o hay incertidumbre geopolítica, los ingresos turísticos latinoamericanos se contraen sin posibilidad de compensar con otras fuentes.
Por otra parte, Cerdá fue explícito al identificar el obstáculo geográfico: la región tiene 33 países con 33 marcos regulatorios de aviación distintos, sin la coordinación que tiene Europa a través del espacio Schengen o Asia a través del ASEAN. Esa fragmentación crea ineficiencias estructurales que elevan los costos y frenan la conectividad.
"Necesitamos una visión estratégica. No solo para nuestros grandes hubs, sino para las ciudades secundarias que son clave para la integración regional. Todos en esta región deberían poder volar al menos una vez al año", afirmó el vicepresidente regional de IATA para las Américas.
Claves para capturar el viajero regional
Si el diagnóstico está claro —un mercado regional subexplotado y en crecimiento— la pregunta clave para el sector es cómo capturarlo. Las consultoras internacionales coinciden en que el desafío no es sólo de política pública, sino también de estrategia empresarial:
- Rediseñar el producto para el viajero regional: el turista latinoamericano tiene menor tiempo disponible, mayor sensibilidad al precio absoluto y patrones de reserva más cortos. Los formatos de tres a cinco noches con combinaciones de ciudad y naturaleza, en moneda local y distribuidos en plataformas digitales regionales, son el producto que ese mercado necesita y hoy escasea en la oferta.
- Priorizar la conectividad aérea intrarregional: la conectividad directa entre pares de ciudades secundarias —Lima-Bogotá, Montevideo-Santiago, Quito-Buenos Aires— es el facilitador más potente del viaje regional.
- Digitalizar las experiencias con foco regional: el mercado de actividades y tours latinoamericanos está subdigitalizado. Las plataformas de experiencias enfocadas en el viajero latinoamericano representan un nicho de altísimo crecimiento potencial.
- Construir alianzas y paquetes con cross-selling: las alianzas entre aerolíneas, hoteles y operadores regionales para ofrecer paquetes intrarregionales —con experiencias integradas en el proceso de reserva— reducen el costo percibido y aumentan el valor capturado por viaje, replicando en escala local el modelo que Asia ya demostró que funciona.
- Invertir en inteligencia de mercado regional: sin esa infraestructura de datos, la estrategia regional sigue siendo una promesa sin evidencia.
Conclusión: el negocio está cerca, no lejos
El mayor mercado sin desarrollar del turismo latinoamericano es el propio viajero latinoamericano. Una región con más de 200 millones de personas en la clase media con capacidad de gasto en viajes, con un patrimonio natural y cultural único, con ciudades que se están convirtiendo en destinos de clase mundial, y con una conectividad aérea que —aunque mejorable— crece al ritmo más alto del planeta.
La pregunta que los empresarios del sector deben responder no es si la regionalización va a ocurrir. Ya está ocurriendo. La pregunta relevante es quién va a construir los productos, la conectividad, las plataformas y las alianzas que capturen a ese viajero cuando decida que su próxima gran experiencia no tiene por qué cruzar el Atlántico.
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