La llegada de José Antonio Kast a La Moneda, tras imponerse en el balotaje con el 58,18% de los votos, abre un nuevo escenario para el sector turístico chileno, especialmente desde su vínculo directo con el Ministerio de Economía, Fomento y Turismo y la agenda pro-inversión que impulsará su administración.
El nuevo ciclo político y su impacto en el turismo: las señales del futuro gobierno de José Antonio Kast
Desregulación, seguridad turística y transformación digital marcan las principales señales del programa de gobierno de José Antonio Kast en el sector.
José Antonio Kast en su primer discurso como presidente electo.
Si bien el programa presidencial no presenta un plan turístico tradicional, el programa de gobierno 2025–2029 y los planes sectoriales incorporados en la campaña —entre ellos “Pymes: Sácate la mochila”— entregan definiciones concretas que permiten anticipar cómo podría reordenarse la política pública para la industria, con énfasis en desregulación, transformación digital y seguridad en destinos.
Menos permisos y mayor rapidez para proyectos turísticos
Uno de los pilares del programa es la reducción de la burocracia estatal, con medidas como la eliminación de permisos considerados innecesarios, la introducción de sistemas de autocertificación y la aplicación del silencio administrativo positivo cuando la autoridad no responda dentro de plazos establecidos.
Para el turismo, este enfoque podría traducirse en menores tiempos de tramitación para hoteles, alojamientos, restaurantes, operadores turísticos y proyectos de infraestructura, una de las principales demandas históricas del sector privado, especialmente en regiones.
Además, el programa contempla explícitamente la transformación digital del sector turístico, con foco en que las mipymes puedan aprovechar mejor su presencia en redes sociales, plataformas de alojamiento y canales de venta online.
Este eje apunta a mejorar la comercialización y visibilidad internacional de pequeños y medianos prestadores, alineándose con las tendencias actuales de distribución turística y venta directa, claves para destinos regionales y productos especializados.
Seguridad turística: un factor clave para la competitividad del destino
En línea con la prioridad general del nuevo gobierno, el programa incorpora un plan de seguridad turística en los principales destinos, orientado a focalizar esfuerzos de prevención del delito, fortalecer la coordinación con autoridades locales y entregar apoyo al turista en situaciones de emergencia o desastres naturales.
Para la industria, este punto es particularmente relevante, ya que la percepción de seguridad es un factor determinante en la elección de destinos, especialmente para mercados internacionales y turismo de larga distancia. Una política activa de seguridad turística no solo impacta en la experiencia del visitante, sino también en la reputación país y en la competitividad frente a otros destinos de la región.
Capacitaciones, cruceros... y desafíos
Otro aspecto relevante es la capacitación de trabajadores del sector turístico, particularmente en hotelería y gastronomía, con énfasis en idiomas y alfabetización digital, en coordinación con liceos técnicos, universidades y centros de formación técnica.
La iniciativa posiciona al turismo como una fuente estratégica de empleo y emprendimiento, reforzando su rol como actividad intensiva en mano de obra y con impacto territorial.
El programa también considera mejorar las condiciones y requisitos formales del cabotaje de cruceros, junto con fortalecer la conexión entre puertos, aeropuertos y principales ciudades, lo que abre oportunidades para el turismo de cruceros, especialmente en el sur del país y en rutas de exploración.
En conjunto estas definiciones del programa presidencial y de sus planes sectoriales delinean un enfoque donde el turismo aparece integrado a una estrategia de crecimiento económico.
El desafío estará en cómo estas orientaciones se traduzcan en prioridades presupuestarias, institucionalidad y coordinación, en un contexto marcado por el ajuste del gasto público y la “política de shock” que el presidente electo propone para los primeros meses de su mandato.
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