Durante años, el turismo chileno fue observado principalmente a través de cifras como la llegada de turistas internacionales, las pernoctaciones o la ocupación hotelera. (INATUR: Gobierno estrena el "IMACEC del turismo")
"Lo que no se mide no existe": el turismo chileno busca dejar de ser el "pariente pobre" de la economía
El lanzamiento del Índice Nacional de Actividad Turística (INATUR) busca reflejar el peso del turismo en la economía chilena, un sector hasta ahora subestimado.
Chile está buscando obtener datos más precisos del impacto del turismo en su economía.
En pocas palabras
- INATUR: Lanzamiento de índice nacional de actividad turística para medir el peso económico del sector.
- Desafío: El turismo chileno busca superar la percepción de
Indicadores relevantes, pero insuficientes para dimensionar el verdadero peso económico de una actividad que no ocurre en un solo rubro, sino que atraviesa transporte, alojamiento, gastronomía, comercio, servicios recreativos y múltiples encadenamientos productivos.
El lanzamiento del Índice Nacional de Actividad Turística (INATUR), presentado por la Subsecretaría de Turismo, abrió una conversación más amplia: ¿por qué al turismo le ha costado tanto ser reconocido como una actividad productiva al nivel de sectores como la minería, la agricultura, el comercio o la industria alimentaria?
La respuesta, según coincidieron autoridades y especialistas durante el seminario “Turismo: la mejor inversión para el desarrollo de Chile”, organizado por Transforma Turismo, tiene que ver con una dificultad histórica: el turismo pesa en la economía, pero no siempre ha contado con las herramientas estadísticas necesarias para demostrarlo.
Una industria que está “en todas partes”
Carlos Ríos, director del Departamento de Estudios de la Subsecretaría de Turismo, explicó que el turismo es, ante todo, un fenómeno de demanda. Es decir, no existe una única “rama turística” comparable a la minería, la construcción o la agricultura. Por el contrario, la actividad turística se expresa en distintos sectores económicos.
Un hotel tiene una alta intensidad turística, porque la mayor parte de su actividad está asociada a viajeros. Pero un restaurante, por ejemplo, atiende tanto a turistas como a residentes. Lo mismo ocurre con el comercio, el transporte o los servicios recreativos. Por eso, medir el turismo exige identificar qué parte de cada actividad corresponde efectivamente al gasto de visitantes.
La diferencia puede parecer sutil, pero es clave para entender la complejidad del ejercicio. En la hotelería, por ejemplo, el 86,6% de la actividad está directamente asociada al turismo, mientras que en los restaurantes esa proporción alcanza el 38,1%. Sin embargo, debido al mayor tamaño económico del sector gastronómico, su aporte al gasto y al PIB turístico termina siendo superior al de la hotelería.
Es precisamente ese tipo de diferencias el que INATUR busca capturar mediante una metodología que pondera el peso de cada actividad dentro de la cadena de valor turística, en lugar de limitarse a indicadores tradicionales.
Ese carácter transversal ha sido una de sus mayores fortalezas, pero también una de sus principales debilidades al momento de instalarse en la agenda económica. El turismo genera empleo en regiones, dinamiza pymes, moviliza consumo y distribuye ingresos en territorios, pero al estar repartido en múltiples sectores su impacto suele quedar diluido.
De ahí la relevancia de herramientas como el PIB Turístico Directo y el nuevo INATUR. Mientras el primero permite estimar cuánto aporta el turismo a la economía nacional, el segundo busca medir trimestralmente el pulso de la actividad, como una suerte de “IMACEC del turismo” en una analogía no muy precisa pero de fácil comprensión.
La subsecretaria de Turismo, María Paz Lagos, lo resumió en una frase que se ha transformado en el eje del nuevo relato oficial: “Queremos pasar de las páginas sociales a las páginas económicas”. Para la autoridad, el desafío es demostrar que detrás de cada viaje hay empresas, empleo, inversión, encadenamientos productivos y oportunidades para miles de personas.
“Lo que no se mide no existe”
La discusión posterior al lanzamiento de INATUR, conducida por el periodista Davor Djuranovic, reforzó esa mirada desde distintas veredas del mundo económico.
Silvia Eyzaguirre, investigadora senior del Centro de Estudios Públicos (CEP), planteó una de las frases más categóricas del panel: “Lo que no se mide no existe, y lo que no existe no puede sentarse en la mesa a negociar”.
Para la especialista, contar con cifras como el PIB Turístico y el INATUR significa que el turismo “existe”, tiene una cifra, tiene relevancia y puede comenzar a conversar en la mesa donde se sientan otros sectores productivos.
Eyzaguirre apuntó además a una paradoja del sector: muchas de sus mayores virtudes también han dificultado su visibilidad. El turismo está presente en todo el país, llega a regiones aisladas, involucra empresas familiares y genera empleo descentralizado. Sin embargo, esa misma atomización hace más complejo articular intereses y representar al sector ante el Estado.
“La minería tiene pocos interlocutores. El turismo abarca muchísimos sectores diferentes, lo que lo hace mucho más complejo”, sostuvo, agregando que gran parte de quienes participan en la actividad son pymes o minipymes.
Hacienda: datos para tomar decisiones
Desde el Ministerio de Hacienda, Alejandro Guin-Po Bon, coordinador de estadísticas macroeconómicas, coincidió en que la medición es el primer paso para dimensionar cualquier actividad económica.
A su juicio, contar con una metodología robusta y validada permite entender mejor el tamaño del sector y abrir discusiones más concretas sobre sus necesidades. “Cuando uno mide en relativamente baja frecuencia, es muy difícil tomar el contexto o el tamaño de una actividad”, señaló.
El representante de Hacienda también planteó que, una vez instaladas las cifras, se abre una nueva etapa: identificar los “dolores” del sector. Entre ellos mencionó trabas regulatorias, infraestructura, conectividad, seguridad, capacidades locales e incluso formación en idiomas, aspectos que afectan directamente la competitividad turística de los destinos.
Ese punto es clave. Medir el turismo no solo sirve para saber cuánto pesa. También permite ordenar la conversación sobre qué necesita para crecer.
Chile no se reconoce como país turístico
Desde la Cámara de Comercio de Santiago, George Lever, director de estudios de la entidad, planteó que el problema no es sólo estadístico, sino también cultural. A su juicio, Chile aún no termina de reconocerse como un país turístico.
“Nos falta creernos el cuento”, planteó, apuntando a que el turismo no debería ser un sector que deba salir permanentemente a defender su importancia para obtener políticas públicas favorables, sino una actividad incorporada estructuralmente en la estrategia de desarrollo.
Lever también recordó que el turismo impacta sectores que muchas veces no se perciben como parte de la industria. El comercio es un ejemplo claro. Según señaló, la caída del turismo argentino habría significado cerca de dos puntos menos de crecimiento para el comercio, mostrando cómo un fenómeno turístico puede afectar directamente a otros rubros de la economía.
Ese tipo de efectos, que antes podían pasar inadvertidos, son precisamente los que los nuevos indicadores buscan hacer visibles.
Del dato al cambio de mirada
El debate dejó instalada una conclusión transversal: el turismo no solo necesitaba mejores estadísticas para describirse a sí mismo, sino para negociar, planificar e incidir en las decisiones públicas.
En esa línea, INATUR no debe entenderse únicamente como un nuevo indicador técnico. Es parte de una arquitectura mayor que busca darle al sector una posición más sólida en la conversación económica del país.
El PIB Turístico Directo estimó que la actividad representó el 2,8% del PIB nacional en 2025, con un aporte de US$ 9.500 millones, mientras que el sector genera más de 723 mil empleos. Son cifras que lo ubican en un rango comparable al de actividades que tradicionalmente nadie duda en considerar estratégicas.
El desafío ahora será que esos datos no queden solo en presentaciones o informes técnicos, sino que se traduzcan en políticas públicas, inversión, infraestructura, promoción internacional, formalización y desarrollo territorial.
Porque, como quedó claro en el seminario, el turismo no parte de cero. Ya existe, ya genera divisas, ya mueve empleo y ya impacta en regiones. Lo que cambia con herramientas como INATUR es que ahora tiene mejores argumentos para demostrarlo.
Y ese puede ser el verdadero giro: que el turismo deje de ser visto únicamente como una experiencia asociada al ocio y comience a ser tratado, con datos en la mano, como una industria capaz de generar crecimiento, empleo y oportunidades al nivel de otros sectores productivos del país.
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