La suspensión del suministro eléctrico en Santiago tras el temporal del 1 de agosto, mantenía una semana después a 80 mil personas sin energía en comunas cercanas a la precordillera, como Las Condes, Vitacura, La Reina y Lo Barnechea. En una situación crítica marcada por temperaturas bajas propias del invierno, muchas familias se vieron en la necesidad de alojarse en hoteles.
Hoteles: cortes de luz empujaron alta ocupación en Santiago
Hoteles del sector oriente de Santiago alojaron a familias complicadas por el corte de luz, lo que coincidió con la gran presencia de turistas brasileros.
Hoteles de Santiago enfrentaron un flujo inusual de pasajeros locales, el cual coincidió con el turismo internacional de la temporada de invierno.
Este flujo inédito de pasajeros se juntó con los turistas que llegan desde Brasil para visitar centros de esquí por la temporada de invierno, dando lugar a altos índices de ocupación hotelera.
“Durante el mes de julio y lo que llevamos de agosto la ocupación hotelera ha estado bastante buena, promediando un 75% y 80%. Muchos hoteles hoy están con un 85% de ocupación. Y ese 15% restante fue ocupado por gente afectada por los cortes de luz. Hubo varios hoteles que estuvieron al 100%”, declaró Alberto Pirola, presidente de Hoteleros de Chile a Las Últimas Noticias.
Flujo de pasajeros inesperado, pero bienvenido
En el caso particular de la comuna de Las Condes, un convenio exclusivo para vecinos cumplió un papel determinante para ayudar a que ciertas familias pudieran llevar la emergencia de estar muchos días sin energía eléctrica en el hogar.
“Tenemos un convenio con la Municipalidad de Las Condes, que se llama Tarjeta Vecino, que otorga un 30% de descuento en alojamiento. Vimos que muchas personas ocuparon este beneficio, dado que era muy complicado quedarse en su casa con todo apagado”, explicó Leandro Moller, gerente de marketing de Novotel.
El fin de semana del 3 y 4 de agosto, en esta línea, la ocupación del hotel alcanzó un 100% y se instalaron camas adicionales ante la contingencia.
“Como ya teníamos mucha ocupación, no teníamos la capacidad para poder ofrecer más habitaciones. Llegaron muchas familias. Los más complicados eran quienes tenían niños pequeños”, agregó Moller a LUN.
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