Aunque lejos de ocupar el centro de la agenda política de Chile, el turismo comenzó a ganar cierta visibilidad durante las primeras semanas del Gobierno de José Antonio Kast. (Subsecretaría de Turismo de Chile en Mercosur: buscan posicionar la actividad como estratégica).
Chile: ¿Cuál es el modelo turístico que busca instalar el Gobierno?
Con un nuevo Estatuto Laboral y un aumento en la promoción, el Ejecutivo chileno redefine el rol del turismo como motor económico, aunque genera debate sobre los incentivos fiscales.
El Gobierno de Chile ya realizó sus primeras acciones concretas en cuanto a política turística.
La Cuenta Pública presidencial, el anuncio de un Estatuto Laboral para el Turismo y las recientes discusiones en la Comisión de Economía del Senado por las indicaciones al proyecto de reactivación del sector evidenciaron que la administración busca darle un rol estratégico a la actividad, alineado con su plan económico.
Sin embargo, las señales entregadas por el Ejecutivo también comienzan a delinear una visión particular sobre cómo debe desarrollarse el sector. Mientras el Gobierno anunció que duplicará los recursos para promoción internacional y avanza en reformas laborales adaptadas a la realidad turística, al mismo tiempo intentó eliminar mecanismos como la devolución del IVA para turistas extranjeros y otros incentivos incluidos originalmente en la Ley de Reactivación Turística y Fomento a la Industria Audiovisual.
La discusión abrió una pregunta dentro de la industria: ¿qué modelo turístico está intentando construir esta administración?
Turismo como industria estratégica
Uno de los elementos más notorios del nuevo discurso gubernamental es la forma en que el turismo comenzó a ser presentado como una actividad económica estratégica, vinculada directamente al empleo, las exportaciones y el desarrollo regional.
Desde el inicio de la administración, la subsecretaria de Turismo, María Paz Lagos, planteó como uno de los grandes objetivos de su gestión elevar en un punto porcentual el aporte del turismo al PIB nacional, pasando de 3% al 4%.
En esa misma línea, una de las iniciativas impulsadas por la actual administración ha sido “Pulso Turismo”, plataforma desarrollada por la Subsecretaría de Turismo y Sernatur para monitorear indicadores actualizados sobre llegadas internacionales, empleo, ocupación hotelera, conectividad aérea y gasto turístico.
La herramienta apunta a fortalecer la denominada “inteligencia turística”, uno de los conceptos que la subsecretaria ha reiterado durante sus primeras intervenciones públicas y que busca orientar la toma de decisiones del sector sobre la base de métricas económicas y seguimiento permanente de indicadores.
Durante su exposición ante la Comisión de Economía del Senado, Lagos recordó que Chile recibió 6 millones de turistas durante 2025 y que el último trimestre móvil registró 684 mil ocupados en el sector.
“Es una actividad estratégica que requiere una inversión sostenida en promoción internacional”, señaló la autoridad.
La subsecretaria destacó además que el turismo representa cerca de US$4 mil millones en exportación de servicios, consolidándose como la principal exportación de servicios del país.
En línea con ello, el Gobierno anunció que el presupuesto para promoción turística internacional se duplicará a partir de 2027, pasando desde poco más de $6 mil millones a $13 mil millones.
“Se materializará el compromiso con rango legal vía Ley de Presupuestos”, explicó Lagos ante los senadores.
Las señales apuntan a una administración que busca dejar atrás el discurso de reactivación postpandemia para instalar una lógica más asociada a competitividad, crecimiento y posicionamiento internacional.
Flexibilidad y competitividad: el giro regulatorio
Probablemente la señal más concreta del nuevo enfoque gubernamental fue el anuncio del futuro Estatuto Laboral para el Turismo, presentado por el presidente Kast durante su primera Cuenta Pública.
La iniciativa busca adaptar el Código del Trabajo a la naturaleza estacional de la industria, permitiendo pactos especiales de jornada, mayores márgenes operacionales en temporadas altas y nuevos mecanismos de compensación horaria.
Desde la Subsecretaría de Turismo explicaron que el proyecto apunta además a fortalecer la formalización laboral y facilitar la inserción de mujeres, jóvenes y adultos mayores, segmentos especialmente golpeados por las cifras de desempleo.
“La economía senior está creciendo. En Chile la población está envejeciendo y este será un sector con una demanda laboral cada vez mayor”, afirmó Lagos en entrevista con Radio Infinita.
El anuncio fue ampliamente valorado por la industria y particularmente por los gremios turísticos, que venían impulsando cambios regulatorios desde hace años.
Uno de los actores más activos ha sido ChileSertur, agrupación que incluso elaboró un borrador con propuestas concretas para el estatuto. Entre ellas destacan jornadas laborales semestrales adaptadas a la estacionalidad, contratos de temporada, flexibilización de descansos dominicales y regulaciones específicas según cada rubro turístico.
El documento también incorpora propuestas para reconocer el carácter de “trabajo pesado” en ciertos segmentos de la industria, beneficiando a trabajadores de hotelería, gastronomía, centros de esquí y transporte turístico.
Más que subsidios o beneficios excepcionales, el nuevo enfoque parece apuntar a “destrabar” el funcionamiento operativo del sector y adaptar la legislación a la realidad cotidiana del turismo.
La gran tensión: promoción sí, incentivos tributarios no
Sin embargo, un punto de fricción apareció con las indicaciones impulsadas por el Gobierno a la Ley de Reactivación Turística.
El Ejecutivo propuso eliminar la devolución del IVA para turistas extranjeros, además de otros mecanismos tributarios asociados a turismo MICE e industria audiovisual.
La decisión generó inmediatas críticas dentro del sector y terminó siendo rechazada por la Comisión de Economía del Senado en primera instancia.
Desde el Ministerio de Hacienda defendieron la postura argumentando razones fiscales y técnicas. Bárbara Bayolo, asesora de la cartera, explicó que la devolución del IVA tendría un costo anual estimado de $6.300 millones y que la evidencia internacional “no muestra un vínculo sólido entre la devolución del IVA y el aumento neto de turistas en economías de tamaño menor, como es el caso de Chile”.
La asesora agregó que el Ejecutivo considera más eficiente fortalecer directamente la promoción internacional.
“La promoción directa genera US$305 en divisas por cada dólar invertido versus la incertidumbre del retorno tributario diferido”, sostuvo ante la comisión.
Las declaraciones revelaron con claridad el criterio económico detrás de la estrategia gubernamental: priorizar instrumentos de impacto medible por sobre beneficios tributarios amplios.
Sin embargo, la postura también abrió cuestionamientos políticos y técnicos.
El senador Diego Ibáñez (FA), uno de los parlamentarios que votó contra la eliminación del IVA turista, criticó que el Ejecutivo justificara la decisión únicamente en la situación fiscal actual.
“Es muy incómodo pensar el turismo de la mano de una reformulación integral del modelo tributario”, señaló el legislador, agregando que resulta contradictorio restringir incentivos turísticos mientras el Gobierno impulsa otras rebajas tributarias de mayor escala.
Por su parte, el senador Gastón Saavedra (PS) recordó que Chile mantiene desventajas competitivas frente a otros países de la región que sí aplican mecanismos similares para visitantes extranjeros.
La discusión dejó instalada una de las principales tensiones que probablemente marcarán la agenda: si además de más recursos para promoción la actividad requiere de incentivos tributarios para mejorar su competitividad.
Como sea, las políticas turísticas de este Gobierno todavía se encuentran en una etapa temprana y resulta prematuro medir sus resultados. Más aún considerando el complejo escenario que enfrenta actualmente la industria, marcado por la fuerte caída del turismo argentino, principal mercado emisor hacia Chile.
En ese contexto, uno de los principales desafíos de la administración será sostener el crecimiento del sector mientras intenta instalar una nueva lógica para evaluar su desempeño: menos centrada en el volumen de turistas y más enfocada en variables como gasto, empleo, inversión y retorno económico.
Pero todavía persisten dudas sobre si esa estrategia será suficiente para cerrar las brechas de competitividad internacional que Chile arrastra desde hace años.
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